Desde luego, no sé qué van a hacer los griegos hasta septiembre sin mí en el hotel.
Yo sí sé qué voy a hacer sin ellos… ¿por dónde empiezo?
Desde luego, no sé qué van a hacer los griegos hasta septiembre sin mí en el hotel.
Yo sí sé qué voy a hacer sin ellos… ¿por dónde empiezo?
En Normandía, al norte de Francia, existe un pueblo de irreductibles galos que fue arrasado por los americanos durante la segunda guerra mundial. No sé cómo sería antes, pero Le Havre, es ahora feísimo, quitando la iglesia de Santa Honorine, que tiene un cementerio a pie de iglesia de lo más romántico.
Menos mal que a la vuelta pasamos por París y los “Orozcos” se preocuparon mucho de que nos lleváramos un buenísimo sabor de boca. ¡Hasta nos dio tiempo de ver ganar a España…!
Muchas emociones en un día de lo más completo el de ayer.
Y ahora, los pies en la tierra, y al hotel, que puede que empiecen mis vacaciones.
Sí… ja ja. ¡Vacaciones!
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Por cierto, el café de “Amelie”, aunque totalmente cambiado, sigue teniendo su cosita… ¿verdad, arundensa?
Después de un miércoles santo lluvioso (con lo que mi hermandad se quedó en casa y no salió) me escapé unos días fuera. Me he quedado nuevo. Cuatro días sin móvil, sin amistades, sin trabajo y sin ná de ná. Vengo con una “hiperactividad” de güevos. Como en los videojuegos, se me antoja que he ido cogiendo puntitos de energía y ahora estoy a tope. Aunque no vienen semanas de mucho jaleo, me van a hacer falta.
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Me aburre muchiiiiiiiiisimo la gente superficial.